domingo, 24 de octubre de 2010

El sueño de la razón produce monstruos. Señor Skin 2.




¿Por qué Señor Skin?
Según una entrevista grabada en cine de 8 mm y que data de 1967, por el fallecido locutor radial Erasmo Andrade -oriundo de Cabildo y fundador de los “Carismáticos jugadores de Pool”- a la viuda de Pedro Bergeret, quien a su vez fue un dentista titulado en 1897 en la Facultad de Medicina y Farmacia de la Universidad de Chile (primera imagen), y que trató psiquiátricamente durante (posiblemente) el verano previo al suicidio del Señor Skin en la playa de La Herradura (cercana a Coquimbo, Cuarta Región de Chile), bajo el nombre de Alexander Bergereaut para no ser suspendido ni expulsado del gremio, hay un dato clave sobre el porqué del pseudónimo de dicho paciente (presento aquí un mal escáner del Diploma de Título de Dentista, siendo lo único que pude conseguir por medio de herederos).
Esa grabación se convirtió en peineta como casi todo el cine chileno incipiente, salvo el cine de ahora que si bien sigue incipiente, no es peineta pero tampoco es cine. De esa filmación se rescató solo el audio de 37 segundos a raíz de un accidente casero: el hijo de Erasmo Andrade, a eso de unos 19 años y enamorado de su vecina, convence a su padre para proyectar en casa un documental sobre la Tierra del Fuego y que le serviría para atraer la atención de su esquiva amada. Para eso, sacó escondidamente la grabadora de audio de su padre, con el fin de grabar las palabras de la chica y así masturbarse de por vida, o en el mejor de los casos, tener registro de su femenina alusión al encanto por tal familia de aventureros.
El asunto es que el padre locutor en un equívoco fatal para el romance juvenil, pero afortunado para la historia de la psiquiatría mundial y la pintura chilena, proyecta la entrevista a la viuda del dentista; Victoria Bonilla, quien fue una gorda entonces cincuentona y serenense que habla de amistades locales, fiestas bailables con canapés de congrio y del Plan Serena liderado por Gabriel González Videla.
Ahí, Victoria la viuda y a modo de socialité, recita cual poema u oración y durante los últimos catorce segundos de grabación, el deleite profesional de su ex marido santiaguino, bastante mayor que ella y escaso en sonrisa; “El caso del señor Skin”.
Cito textualmente a V.B:
“Mi marido fue casi su padrino de bautismo… le mandaba tortas de zanahoria todos los 9 (…) Iba a buscarlo con cantimplora de esas (de la Europa bélica)… le cuidaba las muelas pero la mesita se la regalé a la Ester. Le decían Totoro y don Pedro dale con el tal Señor Skin. ¿Y sabe que significaba? Síndrome Kafkiano de Incapacidad Neuronal. Nunca me olvidé de eso, aunque no sé de qué se trataba”.

Así mismo, un fragmento digitalizado de la ficha 11 del testamento médico de Bergereaut (segunda imagen), se conserva en la parroquia del Buen Pastor de la comuna de El Bosque, en Santiago, y gracias a la gentil voluntad del Padre Luis Toro hago uso de dicho archivo.
¿Por qué el Padre tiene una copia? ¿Dónde está el original?
El padre cree que llegó a la Parroquia del Buen Pastor a causa de la excomulgación de un obrero serenense, que en uso de su oficio en al año 1984, arregló una filtración de agua del dormitorio del Padre Bernardino Piñera, entonces Arzobispo de La Serena.
Este, a sabiendas y tentado de posibles reliquias sagradas, sacó una cajita cerrada con llave del tocador del Padre Piñera, y urgido después en casarse por la iglesia con una santiaguina muy católica, devolvió a la Parroquia de El Bosque el fragmento de la ficha 11 y un rosario de lapislázuli que le había sido regalado al Padre Piñera de una joven influyente de la época en Paris, su ciudad de nacimiento.
De ahí en más, no se sabe nada.

3 comentarios:

M Fugas dijo...

Señor Skin... esto da para una tercera entrega!

Piel dijo...

Señor Fugado, estoy desilusionado en varios ambitos, y la investigación sobre el señor Skin está detenida. Me parece que esos otros ambitos los mencionaré en una próxima entrega, pues a modo de flatito, espero despejar mis tripas.

prolapso dijo...

la weá enigmática.